Hacer lo que te propones a pesar del miedo

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Si esperas a no tener miedo para hacer las cosas, lo más probable es que llegues a viejo-a y te arrepientas de todo aquello que dejaste por hacer. En mis cinco décadas de vida he aprendido que el temor se supera haciendo a menudo aquello que te asusta. Aunque también es cierto que algunos miedos no se superan. Entonces la solución es aprender a convivir con el temor y seguir lanzándote a todo tipo de aventuras a pesar de que te asusten.

Hacer lo que te propones a pesar del miedo

Lanzándome al mar en Port Salut, Haiti. (c) Viva Fifty Media

Por otro lado el haber hecho algo muchísimas veces anteriormente, al menos en mi caso, no significa que con el tiempo le pierda el miedo. He escrito muchos libros. La mayoría han sido publicados. Otros, no. Pero esto no significa que no tema enfrentarme a la página en blanco. No quiere decir que no me asuste que a los lectores no les guste el libro. Pero tampoco esto me impide escribir. Lo importante es que no permito que el miedo me paralice.

No sé como ni cuando, en algún momento de mi vida desarrollé miedo a las alturas. Me daba pavor subirme a una montaña rusa. Pues para que mis hijas no desarrollaran ese mismo temor, me monto con ellas a todo tipo de atracciones en parques temáticos. Nunca olvidaré cuando hace un par de años, subiendo las escaleras de un tobogán altísimo en un parque acuático, tuve que sentarme porque me entró pánico.

“¿Qué te pasa, mamá?” me preguntaron mis hijas. Ahí fue cuando se enteraron de lo que me ha ocurrido toda la vida.

“¿Y cómo te subes con nosotras a las atracciones?” inquirieron, sorprendidas. “¡Nunca hubiéramos imaginado que tenías miedo!”

Pues sí, tuve y tengo miedo a las alturas. Pero sigo haciéndole frente. No quiero que el temor sea una cárcel, ni para mí ni para mis hijas.

También he padecido miedo escénico hasta el punto de visitar a un psiquiatra por este motivo. Pero no por ello evito hablar en público. Ni tan siquiera tras un episodio aterrador en que perdí la visión mientras hablaba. Fue durante la presentación de uno de mis libros hace ya 15 años. La sala estaba llena y yo me sentía tranquila. Había hablado en público muchas veces. Pero para mi sorpresa, cuando me tocó hablar, me invadió el pánico y se me nubló la vista. Ni tan siquiera veía el papel que tenía delante. Me puse a sudar y sentía latir las sienes.

Hacer las cosas a pesar del miedo

Las posturas de “poder” ayudan a sentir confianza (c) Phillippe Diederich

Sin embargo, seguí hablando como si no me pasara nada. Pensé que si me desmayaba, ya me recogería alguien del piso y llamarían a un médico. A los pocos segundos, que me parecieron eternos, recuperé la vista y la calma, y terminé con éxito mi presentación. No fue la última vez que me ocurrió. A partir de entonces, recurrí a leer mis presentaciones durante un tiempo, pero no dejé de ponerme ante el micrófono. Ahora, antes de hablar en público me preparo mentalmente, respiro hondo, y me concentro en el mensaje que quiero transmitir. Sigo poniéndome nerviosa pero confío en salir airosa de la situación.

El reconocer mis temores me ayuda a convivir con ellos. Recuerda que la valentía no es falta de miedo. Es precisamente atreverse a hacer las cosas a pesar del temor. Me reconforta saber que soy valiente.

¿Qué temores tienes tú y cómo les haces frente?

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